Cuándo una está amamantando, y la grande te pide atención, y la mediana espera por un culete para ser limpiado, y llaman a la puerta, y tienes que hacer un par de llamadas de teléfono urgentes e impostergables, y sale agua por debajo de la lavadora, y se queda la tartera con todo quemado... llegas a la categoría de "agüela", y tienes que tener cuidado con el escalón, jejeje.
Pero "las agüelas", somos mucho más. Porque las agüelas sabemos de sostener la vida, y eso no es cualquier cosa.
Lo primero que hacemos las "agüelas" es amar incondicionalmente a nuestras crías, y eso tampoco es cualquier cosa. Amar incondicionalmente y complacerlas en todo lo que está en nuestra mano, es el principio de un apasionante proceso. Porque desde ahí, se van abriendo sendas inimaginables cuándo ejercíamos de "mujeres liberadas".
Las "agüelas" somos atemporales, y no tenemos prisa. A las "agüelas" no nos importan los lamparones en la ropa, al revés, nos volvemos niñas alocadas cuándo vemos a una de nuestras crías llenas de barro, o como croquetas de arena, nos sentimos libres cuándo les vemos empaparse bajo la lluvia... y llevamos siempre mochila con ropa seca de repuesto.
Las "agüelas" sabemos que todo se arregla en la lavadora, por eso dejamos a los niños, ser niños, siempre, y comer con las manos, todo lo sabroso de la vida.
Las "agüelas" se mueren por una buena conversación de agüelas, y si es regada de buena cerveza, vino tinto o licor café, las risas son más altas. No existe lugar dónde las agüelas no puedan llegar con su luz, y sus mimos. A muchas nos quemaron hace años en hogueras de terror, pero hemos sobrevivido, abofé que sí, y haremos que la herencia se propague... cada vez que una mujer se sienta viva, coleante, llena de entusiasmo, libre de ataduras, volando sobre los malos rollos, y mimando todo lo que toca, no lo dudéis, es una verdadera "agüelaaaaaa".
Las agüelas, igual que las hadas, EXISTEN.


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