Presentación

"Valga este blog para arrancar cincuenta minutos al día para mí. A solas, con mis pensamientos, mientras camino del portal de casa al final del pueblo, y del final del pueblo al portal de casa. Cincuenta minutos exactos, sino me encuentro a alguien conocido y paro para una parrafada.

Siempre me ha gustado caminar, diariamente, pero los derroteros vitales me han empujado a una larga temporada de vehículos a motor. Pero ahora el cuerpo me pide piernas, movimiento, y aire fresco."
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miércoles, 6 de agosto de 2014

La ternura de las agüelas...

No. Aún no he entrado en esa categoría familiar, jeje. Pero sí es cierto que utilizo el término para designar a las amigas cercanas, a las amigas con las que comparto esta parte de mi vida de despistes y meteduras de pata vitales, porque la crianza descoloca, y mucho.

Cuándo una está amamantando, y la grande te pide atención, y la mediana espera por un culete para ser limpiado, y llaman a la puerta, y tienes que hacer un par de llamadas de teléfono urgentes e impostergables, y sale agua por debajo de la lavadora, y se queda la tartera con todo quemado... llegas a la categoría de "agüela", y tienes que tener cuidado con el escalón, jejeje.

Pero "las agüelas", somos mucho más. Porque las agüelas sabemos de sostener la vida, y eso no es cualquier cosa.
Lo primero que hacemos las "agüelas" es amar incondicionalmente a nuestras crías, y eso tampoco es cualquier cosa. Amar incondicionalmente y complacerlas en todo lo que está en nuestra mano, es el principio de un apasionante proceso. Porque desde ahí, se van abriendo sendas inimaginables cuándo ejercíamos de "mujeres liberadas".
Las "agüelas" somos atemporales, y no tenemos prisa. A las "agüelas" no nos importan los lamparones en la ropa, al revés, nos volvemos niñas alocadas cuándo vemos a una de nuestras crías llenas de barro, o como croquetas de arena, nos sentimos libres cuándo les vemos empaparse bajo la lluvia... y llevamos siempre mochila con ropa seca de repuesto.
Las "agüelas" sabemos que todo se arregla en la lavadora, por eso dejamos a los niños, ser niños, siempre, y comer con las manos, todo lo sabroso de la vida.

Las "agüelas" se mueren por una buena conversación de agüelas, y si es regada de buena cerveza, vino tinto o licor café, las risas son más altas. No existe lugar dónde las agüelas no puedan llegar con su luz, y sus mimos. A muchas nos quemaron hace años en hogueras de terror, pero hemos sobrevivido, abofé que sí, y haremos que la herencia se propague... cada vez que una mujer se sienta viva, coleante, llena de entusiasmo, libre de ataduras, volando sobre los malos rollos, y mimando todo lo que toca, no lo dudéis, es una verdadera "agüelaaaaaa".



Las agüelas, igual que las hadas, EXISTEN.


miércoles, 30 de julio de 2014

El árbol de la paciencia.

Hace algunos años descubrí el clarinete turco, y ya no pude resistirme a sus encantos. Entre Omar Faruk Tekbilek y Hüsnü Senlendirici, me derrito cada vez que les escucho.
Pero ese no es verdaderamente el motivo de esta entrada sobre mis elucubraciones mientras camino. El verdadero motivo es que caminando, recordé el hermoso concepto del Árbol de la Paciencia.

En principio se trataba de la explicación de Omar Faruk a su álbum del mismo título. Él hablaba que en sus meditaciones, creo que de tendencias sufíes, una de las ramas más esotéricas del Islam, quería profundizar en sus agradecimientos a la vida. Para ello, se visualizaba a sí mismo como un fuerte tronco de árbol. Pero ese árbol, no podía haber crecido sin que personas que fueron siendo importantes en su vida, le fuesen dedicando su paciencia... y así, visualizándose de ese modo, recordaba una por una, cada persona que a lo largo de su vida le fué regalando su paciencia.

Me pareció una idea tan hermosa, para mí la gratitud es una de los sentimientos más profundos, que me puse yo también a pensar en esas personas que lo habían hecho conmigo, y os aseguro que haciendo este tipo de visualizaciones, me sale siempre una amplia sonrisa.

Evidentemente, solo me queda la difícil tarea de pensar que ahora también tengo que ser yo rama en los árboles de las mías. Y regalar paciencia a manos llenas.